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Acción comunicativa, acción estratégica y democracia deliberativa en Jurgen Habermas

Enviado por carla parraguez camus el domingo, 30 marzo, 2008 a las 22:55, Hora de Chile

Habermas como buen racionalista kantiano acepta la predominancia de la racionalidad instrumental en el actual tipo de sociedad, pero busca una nueva lectura de la modernidad a través de la unificación del principio de subjetividad en el mundo social, esto es, pretende reconstruir la interconexión entre los contextos que se dan en la vida social con el nivel de las formaciones por denominarlas de algún modo, objetivas del mismo.

Para tal cometido el autor, discute los distintos conceptos de racionalidad y su significado para la praxis humana sometiéndola a un análisis exhaustivo de los procesos de racionalización que se dan al interior de la sociedad. 

El autor sustituye el concepto ontológico de mundo, por un concepto de constitución de experiencia vital que se da en el mundo de la vida el cual actúa como trasfondo de la acción comunicativa explicando como los contenidos semánticos de la cultura y los objetos simbólicos, pueden concebirse como objetos de nivel superior de los eventos físicos y de los eventos vivenciales.

Al mismo tiempo sustituye la versión cognostivista unilateral del concepto de espíritu objetivo a través de un saber cultural diferenciado en distintos tipos de pretensiones de validez4.

Las pretensiones de validez Habermas las tipifica a partir de las formas posibles de argumentación ya sean estas en discursos teóricos donde, la verdad de las proposiciones se basa en la eficiencia de las acciones teleológicas. En discursos prácticos donde prima la rectitud de las normas de acción; en discursos explicativos donde prima la inteligibilidad o corrección constructiva de los productos simbólicos o en su eventualidad; en críticas estéticas que poseen su manifestación específica en expresiones evaluativas de adecuaciones a los estándares de valor, o expresivas basadas en la veracidad de las manifestaciones de emisiones expresivas5. Reconstruyendo de este modo, las condiciones que tienen lugar en situaciones de habla producidas en una ejecución lingüística debido que éstas:

“Son los universales constitutivos del dialogo, los que empiezan estableciendo la forma intersubjetividad entre cualesquiera hablantes competentes, capaces de entenderse mutuamente”6 

Dentro de la operativa de esta lógica  Habermas señala que, la racionalidad con arreglo a fines imperante en las sociedades capitalistas se orientan al éxito, la puede cobrar según sus orientaciones de acción específica: un actuar instrumental (no social) o en sus efectos un actuar estratégico (social). Mientras que por su parte, los tipos de acciones orientadas a la comprensión solo pueden ser de carácter social en tanto, suponen diálogos entre individuos en un actuar comunicativo basado en convicciones del mismo tipo7.

Se puede hablar de “Acciones comunicativas cuando los planes de acción de los actores participantes no se coordinan a través de cálculos de éxito egocéntricos, sino a través de actos de entendimiento”8 

Desde aquí y para Habermas, la sociedad tiende a la configuración de un doble carácter, por un lado es sistema, y por otro es mundo de la vida. Lo anterior implica por una parte, una estructura funcional en la que se llevan a cabo los procesos de integración sistémica concretizadas en acciones estratégicas y por otra, una estructura donde acontecen los procesos de integración social.

Así, la racionalidad instrumental  se configura como una acción que se mide por la eficiencia en el empleo de medios para fines dados mediante un cálculo, siendo en su especificidad las acciones estratégicas operaciones del mismo tipo estableciendo relaciones estrictamente funcionales para la obtención de fines determinados9

Ahora bien, la estructura donde acontecen los procesos de integración social pueden entenderse en la dimensión que el autor le asigna al concepto de acción comunicativa, la cual finalmente es una acción orientada al entendimiento donde los agentes se comunican y llegan a acuerdos a través de una interacción mediada por símbolos las cuales se rigen por normas recíprocas de comportamiento entre individuos.

“Que el entendimiento funcione como mecanismo coordinador de la acción solo puede significar que los participantes en la interacción se ponen de acuerdo acerca de la validez que pretenda para sus emisiones o manifestaciones, es decir, que reconocen intersubjetivamente las pretensiones de validez con que se presentan unos frente a otros”10. 

Habermas, si bien acusa que el mundo tiende a convertirse en una “jaula de hierro” por la colonización de los sistemas en el mundo social, en tanto hay una deformación patológica de las infraestructuras del mundo de la vida11, también expresa que existe una racionalidad en la praxis comunicativa que tiene fuertes componentes emancipadores, en la medida que entiende que:

“... La racionalidad comunicativa no es como la forma clásica de la razón práctica una fuente de normas de acción. Sólo tiene un contenido normativo en la medida que quien actúa comunicativamente no tiene más remedio que asumir presupuestos pragmáticos de tipo contra fáctico. Tiene que emprender idealizaciones, por ejemplo, atribuir a las expresiones significados idénticos, asociar a sus manifestaciones o elocuciones una pretensión de validez que trasciende el contexto, suponer a sus destinatarios capacidad de responder de sus actos, esto es, autonomía y veracidad, tanto frente a si mismos como frente a los demás12 

Lo anterior nos lleva en términos emancipatorios, a lo que Habermas propone como una democracia consensual discursiva donde prima el dialogo y los acuerdos comunicativos, porque parte del supuesto que el poder político es el resultante de una manifestación institucional de dichos acuerdos fundados en un sistema garantista de decisiones autónomas y de simetría discursiva individual y colectiva de la ciudadanía. En este sentido plantea que:

“El poder comunicativo solo puede formarse en los espacios públicos no deformados y sólo puede surgir a partir de las estructuras de intersubjetividad no menoscabada de una comunicación no distorsionada. Surge allí donde se produce una formación de la opinión y la voluntad comunes, que con la desencadenada libertad comunicativa de cada uno para hacer uso público de su razón en todos los aspectos, hace valer la fuerza productiva que representa una forma ampliada de pensar. Pues ésta se caracteriza por atener uno su juicio a los juicios, no tanto reales como posibles, de los otros, y ponerse en el lugar de cada uno”13 

La ontología argumentativa de lo anterior radica en el presupuesto que los participantes de este tipo de democracia comunicativamente hablando, supone que: todos los participantes (ciudadanía) tienen las mismas oportunidades de expresarse, cuestionar y reflexionar sobre las pretensiones de validez de lo que se dice y se propone en la organización política14, que todos tendrán las mismas oportunidades de producir actos de habla representativos de sus sentimientos, actitudes y deseos; sumado a que todos los actores podrán ejecutar actos de mandar, oponer, prometer, prohibir, etc. Lo cual resulta altamente problemático en tanto, de facto esto no ocurre y de hecho; la diferenciación per se que posee el espacio social pone en jaque esta especie de comunitarismo lingüístico entre receptores y oferentes.

De ahí en más, de hace necesario profundizar en las lógicas diferenciadas de los campos de la vida social, a razón de rastrear desde allí las verdaderas condiciones de posibilidad de una democracia deliberativa en el espacio real15 de ejercicio. 

[4] Véase, http://bocc.ubi.pt/pag/saez-soro-emilio-ciberespacio.pdf “Acción comunicativa en el ciberespacio” visitado el 30/03/03

 

 

[5]  Véase, Jurgen, Habermas, (1987), “Teoría de la acción comunicativa tomo I”, Madrid, España, Taurus, Sobre la teoría de la argumentación.

[6] Ibid, Pág. 369

 

[7] Ibíd, Pág. 384

[8] Ibíd., Pág. 385

[9] Véase, Jurgen, Habermas, (1987), “Teoría de la acción comunicativa tomo II”, Madrid, España, Taurus, Pág. 233

[10] Ibíd. Pág. 143

 

[11] Ibíd Pág. 549

[12] Habermas, Jurgen, (1998), “Facticidad y validez, Madrid, España, Editorial Trotta. Pág 66

 

[13] Ibid, Pág. 215

[14] Nota: en el sentido luhmanniano de organización política

[15] Nota: Espacio real se opone al espacio virtual que será tematizado en el capítulo II de la presente tesis







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