Frente a la manifiesta dispariedad territorial en la cual América Latina y el Caribe se encuentran en materias de fecundidad temprana y, aun cuando las estadísticas nos señalan una reducción progresiva de la fecundidad total en contraste, y por debajo de la media mundial. La así llamada fecundidad “rebelde” no soporta adecuadamente las construcciones teoréticas clásicas elaboradas en estas materias, haciendo necesario de éste modo, desentramar la imbricada esfera del mundo adolecente. De ahí en más, y a propósito de los esfuerzos ampliamente documentados, referidos a la desacralización del sexo, la iniciación temprana y el desanclaje normativo entre la actividad sexual y el contexto de dicha práctica en el matrimonio, nos lleva a pensar en primera instancia acerca de la noción de riesgo, probabilidad y manejo de éste; el cual a priori adquiere matices diversos y contigentes que solo pueden ser representado en el mundo de la adolescencia en función del escenario experiencial histórico actual de los adolescentes de la región.
Tal como lo señalaría en su minuto Urlich Beck “Nos encontramos en un tiempo donde la modernización no es solo racional con un fin y lineal, sino pensada como interrumpida, como gobierno de los accidentes”(Beck;2001) donde la experiencia vital en materias de reproducción adolescente en ambos sexos se juega multidimencionalmente, entre la disolución y la nueva estructuración en formas y figuras de argumentación multifacéticos; ya sea por ejemplo, de la auto transformación y la auto desintegración.
La esterilidad parcial de las políticas orientadas por ejemplo a la protección anticonceptiva, y por tanto la irregularidad por parte de los adolescentes conforme a su uso; se deslinda en su eventualidad y en términos genéricos, de la angustia existencial que produce el riesgo en todos los campos de la vida social a razón de la pérdida progresiva de la seguridad ontológica de la gran mayoría de las instituciones sociales; sean estas, Estado, familia, por señalar algunas.
Desde aquí los riesgos se asumen y gestionan autobiográficamente lo cual desde la esfera de la adolescencia es problemático y por decirlo menos complejo. Expresado de otro modo, la ambivalencia en la construcción del si mismo en proceso afecta a que cualquier política individual gestionada en materia de reproducción sexual sea reinventada desde la incertidumbre por los actores, aun cuando exista una orientación normativa de diversas agencias sociales (en el sentido positivo del término).
La decisión, negociación y puntos de inflexión que poseen las trayectorias de utilización irregular actualmente en la región de métodos anticonceptivos y en contraste por ejemplo con España deviene; de la diferenciación del piso de los diversos recursos de capital (económico, social, cultural, simbólico) ya sean esto en su estado actual o potencial; (Wacquant; 1995)lo cual genera una diferenciación autobiográfica estratégica desicional acerca de lo “jugado y puesto en juego”, cuya expresión directa al interior de la región se acentúa en la medida, expresión y modo en los sectores más pobres de la población; donde los adolescentes de ambos sexos se encuentran en una condición de vulnerabilidad manifiesta, en el sentido que no poseen las herramientas adecuadas y/o en sus efectos pertinentes para gestionar estratégicamente sus procesos desicionales en función de la lógica de superación sus expectativas, trayectorias y proyectos de vida.
En términos genéricos los factores de riesgo que acumulan en particular éste tipo de actores, y por tanto el problema y gestión de los mismos; los sitúan en la materia de fecundidad temprana, en una perspectiva de exclusión social a lo largo de su vida ya sea por los factores socioeconómicos asociados a esta experiencia temprana de fecundidad, como culturales en términos proyectivos.
Desde aquí, los adolescentes quedan “atraspados por la realidad”, y las inequidades de género cobran fuerza en la medida y el modo que el hombre adolescente; siguiendo con la lógica de la plasticidad, fluidez y licuefacción de los vínculos se invisibiliza, se ausenta o emigra frente a la posibilidad del ahora ya riesgo consumado de tener un hijo.
Ahora bien, desde el crisol de la lucha ambivalente de la autonomía y pensando desde un enfoque de la masculinidad; la forma exploratoria, cristalizante y demostrativa de la afirmación identitaria superpone en modo diferenciadamente matizado según caracterizaciones socioeconómica de estos hombres adolescentes en la región, escenarios distintos acerca de “lo jugado y puesto en juego” respecto a su mismo proyecto he incluso en función del sexo opuesto. Y más aún cuando el establecimiento de vínculos con una legítima otra en la convivencia se experiencia individualmente pero en un espacio relacional compartido contingente y afectado de incertidumbre.
La legitimación de la sexualidad articulada recursiva y autoreferencialmente por ambos sexos, no provee en el caso de los hombres (si en el caso de las adolescentes embarazadas) anclajes simbólicos normativos que otorguen sentido de trascendencia o en sus efectos una vinculación directa con otros universos simbólicos de representación subjetiva como el afecto y proyecciones de vida.
La regularidad en tanto utilización de algún método anticonceptivo una vez transcurrida la iniciación sexual masculina resulta desde ésta perspectiva y radicalizando el ejemplo, aproblemática, porque de la política de la incertidumbre y en la ecuación de los factores contextuados, sumado al escenario de la inequidad de genero en la estrategia decisional; las pérdidas son menores tanto en cuoteos de autonomía como en proyectos y expectativas de vida.
La salida derivable frente a la invisibilidad de los hombres en la fecundidad temprana en la región responde a un doble enlace: por un lado incorporar mediante procesos de socialización políticas no solo preventivas para la utilización de métodos anticonceptivos, sino también herramientas que permitan combatir la racionalidad instrumental autoreferida del sexo, no presuponiendo afanes revindicativos moralistas, sino que desde la desacralización del sexo transitar hacia aspectos comunicativos de su ejercicio validando desde ese espacio la legitimidad y pretensiones de validez en la búsqueda de una autonomía conjunta del proceso ambivalente que suponen la adolescencia; donde lo jugado y puesto en juego sea derivable de un proyecto mancomunado y no la suma individual de los sexos.
Por otra parte, estos esfuerzos en los países de la región deben ir acompañados sin lugar a dudas, de estrategias para aumentar los recursos de los distintos tipos de capital articulados transversalmente en todos los campos de la vida social, para que la estrategia desicional autobiográfica mancomunada de ambos sexos puedan manejar y gestionar de mejor modo los riesgos a los cuales se exponen los adolescentes tras el curso del síndrome de la “modernidad sexual truncada”.

Escribes (y piensas) muy bien Carla.
Haces interesante cuestiones sociométricas (económico políticas), asuntos con un fuerte anclaje en la realidad (contingencia), cosa que dificilmente leo; pero lo tuyo se deja leer.
Espero -que en algún momento trabajemos juntos- por ahora tengo algunos proyectos y fondos.
Saludos
Adolfo
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Adolfo Vásquez Rocca PH. D.
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