Hace un par de días la revista Capital publicó una síntesis de un estudio realizado por el Instituto Nacional de Estadísticas sobre los patrones de consumo de los chilenos. En dicho artículo se señalaba de forma explícitamente animosa que el gasto total en consumo de tecnologías de la información (TICS) en los hogares se había incrementado en 3,8 veces en la década, a razón del abrupto descenso de los precios en bienes y servicios; producto del crecimiento sustantivo de la oferta como consecuencia de los tratados de libre comercio.
Los supuestos de los cuales arranca la animosidad de la interpretación de los datos, no considera factores tan relevantes como, que aun con crédito hay un gran segmento de la población a la cual le es vetada la posibilidad de experimentar las bondades de las TICS, siendo este no solamente un problema de ampliación o diferenciación selectiva de la oferta del targets de mercado, sino también un problema social que en última instancia imposibilita y cercena nuestras condiciones de posibilidad de aspirar a un país más desarrollado y democrático no solo conforme a la adquisición de bienes y servicios materiales, sino también y por sobre todo; coopta nuestro acceso a bienes simbólicos que mediatizados por el precio del mercado superponen externalidades negativas en el acceso al conocimiento y la cultura.
De ahí en más, la brecha digital (BD) resulta coyuntural para el desarrollo del país en tanto, ha sido ampliamente demostrado que su producción, impacto y profundización merma el crecimiento económico de los países. Por ejemplo, el productor de TIC ya sean estas servicios y/o industrias genera considerables beneficios en los países donde se encuentran ubicados. El crecimiento de estas industrias contribuye a la generación de nuevos puestos de trabajo e ingresos aumentando sustancialmente sus porcentajes del PIB. El desarrollo e incorporación de TICS en el mundo del trabajo posee una correlación alta y positiva en función del aumento de su productividad interna, haciendo de éstas un facilitador importante para propulsar el desarrollo y una herramienta estratégica para alcanzar las metas milenio. Naciones Unidas conjuntamente con otros organismos internacionales elaboraron hace un par de años un índice de oportunidades digitales (DOI) que va desde cero a uno (siendo cero máxima oportunidad digital, y 1 inexistencia de oportunidad digital) homologando la información de 181 países del globo en tres macro dimensiones, a saber: infraestructura, uso y oportunidad.
Los resultados arrojados para el año 2005 – 2006 situaban a la economía chilena en el puesto número 41 del ranking mundial con un DOI genérico de un 0,57, si bien nuestro país se encuentra sobre la media mundial, aún queda un buen trayecto que recorrer. Cuenta de ello es la manifiesta narcolepsia que ha tenido nuestro país en materias de generación de una Estrategia digital inclusiva y sustentable, siendo incapaz por ejemplo hasta el minuto de aumentar la competitividad de las empresas mediante el uso más profundo e intensivo de las TICS, contar con una infreaestructura de acceso y calidad digital para apoyar procesos educativos y producción de competencias digitales de la sociedad en su conjunto y particularmente de los sectores mas vulnerables de la población.


El mayor acceso a la tecnología de la información implica un aumento de la competitivdad, cómo podemos desarrollar las capacidades para hacer uso de la tecnología con fines de generar un bien capital, esto es que se entiende por producto y cual el es valor del conocimiento y la productividad de este????
Podemos medir la productividad en función de la información generada?????
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Puede ser mejor cada vez que uno lo quiere así.